Evadhin: soy como una manzana, el elemento prohibido desde
el principio de los tiempos…y recién me estoy dando cuenta de todo en lo que
estoy metida…
Auren: bueno… acá tenemos bastantes manzanas…solo tenes que
darte cuenta cuales están podridas…
Auren baja la mirada, comprendí que estaba hablando de él.
Su pasado lo perseguía, no parecía ser un buen chico, además de poder volver a
la Meta, el ya no pertenecería allí. Pude darme cuenta que su cuerpo no es
completamente biológico.
Auren: ¿pero vos entonces por que estas acá? Y no en el Edén
con ellos.
No podía decirle toda la verdad, recién lo conocía.
Evadhin: me escape, me sentía encerrada, es un lugar muy
aburrido allá adentro ¿sabías?
Auren: claro, venís acá a buscar aventuras, ¡y sí que las
vas a tener! En tanto puedas mantenerte viva…
Me agarro del brazo y comenzó a atar una cuerda alrededor de
mi cintura. Estaba muy incómoda. Parecía no importarle la corta distancia entre
ambos. Y a mí sí me molestaba bastante.
Evadhin: ¿qué es eso?
Auren: una cuerda…
Evadhin: ¿y que pensas hacer con ella?
Auren se detuvo por un instante y me miro fijo. Fue
aterrador. Parecía que estaba planeando algo muy malo. Estaba lista para
resistirme.
Auren: mejor te enteras cuando llegues…no intentes nada va a
ser en vano…
Fue inútil lo que me dijo. Rápidamente lo agarre de un brazo
y lo mordí con todas las fuerzas que pude. Logre hacer que me soltara y me eche
a correr. No podía confiar en nadie.
Auren: ¡idiota! –me grita a lo lejos-
Venia atrás de mí, pero yo soy muy rápida, dudaba que me
alcanzara.
El suelo del lugar era muy seco y áspero, apenas había algo
de pasto. Cualquier falla en el camino, me haría tropezar y eso ocasionaría bastante daño, ya
que además iba a toda velocidad. Algunas partes afiladas metálicas salían de la
tierra, ya bastante oxidadas. El cielo naranja del lugar era una señal de lo
toxico que era el aire, que cargado de un olor húmedo y a herrumbre me estaba
produciendo algunas nauseas. Me corte el lado derecho del brazo gracias a un
pedazo de lata puntiaguda que se me atravesó en el recorrido. Ya no escuchaba más
a Auren. Igual seguí corriendo. Demasiados arboles me impedían divisar un
posible escondite. Me detuve justo antes de caer en lo que parecía una laguna
pequeña de baba negra. Agarre un poco con una mano y comprobé lo densa que era
esa sustancia extraña. Volví a pararme al escuchar un ruido proveniente de
atrás de uno de los árboles. No dude más y me sumergí en aquella baba espesa.
Parecía aproximarse cada vez más. Finalmente sumergí mi cabeza. Esta oscuro y
repugnante allá abajo. Trate de aguantar lo más que pude bajo el líquido. Algo
me jalo del cabello y me tiro con tanta fuerza que hizo que saliera a la
superficie. Tocia. Había tragado algo de líquido. Una anciana me estaba sosteniendo
del cabello, una anciana con dispositivos rojos en vez de ojos y con grandes
garras que se clavaron firmemente sobre mis hombros, lo que me hizo gritar. Era
muy fuerte. Me miraba como si hubiera encontrado algo muy interesante en su
paseo. Comenzó a reír desenfrenadamente, tenía la voz muy estropeada.
Evadhin: ¡soltame! ¡Soltame! –le ordene-
Anciana: ¿cómo soltar a una pieza tan única como vos?
¿Sabes? Hace tiempo que no tengo visitas….
Solo atine a sacudirme y a escupirle en la cara parte de la
sustancia que había ingerido accidentalmente.
Anciana: ¡que insolente! ¡Quédate quieta!
Evadhin: ¡no sabe con quién se está metiendo! –le grite-
Anciana: en realidad no, ¡atrás de todo ese barro no puedo
distinguirte! Vamos a mi casa a bañarte…
Evadhin: ¡no voy a ningún lado vieja asquerosa! ¡Soltame!
Era inútil, la mujer era muy fuerte a pesar de su aspecto
decrepito. Me arrastro hasta una cabaña hecha con varios troncos y metales
incrustados del lugar. Un sendero de faroles rojos indicaba la entrada a la
casa.
Recién notaba que me dolía el brazo. Recordé que me había
rasgado cuando corría. La mujer me empujó hacia adentro de la casa. El olor era
muy fuerte. Era tan fuerte que me desvanecí.
Pude sentir que me dolía infernalmente la cabeza. El olor se
había ido. Ahora fue reemplazado por hierbas aromáticas. Podía oírse un
burbujeo incesante, como una gran olla de agua hirviendo. Me moví un poco y me
di cuenta de que mi cuerpo estaba sumergido excepto por la cabeza. Me asuste.
De a poco recupere la visión y note que estaba en una especie de tina y el agua,
a pesar de no estar hirviendo, echaba burbujas. Toque mis hombros y mire mi
brazo y la herida y el ardor se habían ido. Ninguna marca. Mire hacia mí
alrededor, me encontraba en una habitación amplia con paredes de barro agrietadas,
varios estantes llenos de frascos con diferentes especias y un perchero con
muchas ropas. Una hilera de tres maniquís sin cabeza, se encontraba a mis
espaldas, con unas prendas a medio terminar, pues todavía tenían hilos sueltos
y alfileres incrustados. No había rastros de la anciana. Trate de levantarme
cuando note que estaba completamente desnuda. Volví a la tina. La suciedad se
había borrado de mi cuerpo. No entendía que estaba pasando y que quería esa
mujer de mí, pero todo pintaba ser bastante raro. Oí un crujido. La anciana
había vuelto. Salí inmediatamente del agua y me envolví en un retazo de una
tela que encontré para cubrirme y secarme un poco, acto seguido tomo un frasco
de la estantería y me escondí en un rincón donde no llegaba tanto la
luminosidad. Me acurruque y espere.
Anciana: querida… ¿dónde te metiste ahora?
Su voz me ponía los pelos de punta, era espeluznante como su
aspecto. Trate de no hacer ningún movimiento en falso.
Anciana: no queremos hacer esperar a nuestras chicas… ¿verdad?
No sabía de qué estaba hablando. Había más de ellos.
Esperándome. No podría escapar tan fácilmente.
Anciana: no te vamos a hacer daño…te quieren conocer
–susurro-
Otra vez comenzó a reírse desenfrenadamente. Mi respiración
se agitaba cada vez más. Me sentía muy vulnerable y débil, como nunca antes
había experimentado. Odiaba eso. Decidí pararme de un salto y tirarle el frasco
en la cabeza a la anciana. Y eso hice. Ella se quejó apenas. Fue más de
sorpresa que de dolor. Estaba intacta.
Anciana: ¡eso fue de muy mal gusto!
Sus ojos se clavaron en mí y volvían a encenderse rojos muy
rojos.
Me escabullí hasta la entrada de la habitación. Pero fue
imposible. Me agarro de uno de mis pies y me deslizo hacia ella. Tenía una
sonrisa amplia y siniestra dibujada en el rostro. Me sentía impotente.
Anciana: ¡ahora vamos a vestirte!
Deje de resistirme solo para esperar el momento correcto. La
mataría si fuera necesario. Me vistió con unos de los trajes que sostenía uno
de los maniquís. Era un vestido amarillento y lleno de pliegues y volados.
Coser por aquí, coser por allá, hasta que finalizo con ponerme un lazo en el
pelo y unos zapatitos de muñeca. Me condujo sosteniéndome del cabello por un
pasillo largo que no encajaba con la imagen de la cabaña que había visto la última
vez.
Al final del recorrido nos encontrábamos en un salón gigante
con una araña de color rojo en el centro, que me hizo acordar al color de la sangre.
Bajo ella, una camilla de madera con ajustes elásticos y un banquito a un
costado. Me estremecí.
Anciana: es difícil conseguir buena luz acá abajo…
Quizás la cabaña solo era la superficie, quizás estábamos
metros bajo tierra y así nunca encontraría la salida.
Anciana: claro, estando en esta mansión subterránea resulta
algo complicado, pero no imposible.
La anciana gira la cabeza hacia mí y me mira detenidamente.
Anciana: vas a ser muy buena compañía, tus hermanas te
estaban esperando ansiosas…
Deja de mirarme y sus ojos comienzan a mirar hacia atrás.
Gire la cabeza y me sobresalte inmediatamente. Había un montón de cadáveres de
lo que parecían haber sido mujeres alguna vez, todas vestidas con ropas hechas
por la anciana. Ahora comprendía por que el olor era tan fuerte al entrar y por
qué mi cabeza parecía que iba a
explotar. Aunque ya no lo sentía, quizás me había acostumbrado. Estaba muy
asustada y enojada a la vez.
Anciana: vamos acóstate no te va a doler tanto…-dirigiéndome
hacia la camilla-
Alcance a ver que los amarres de la camilla tenían hebillas con
puntas filosas, las cuales podían venirme bien para defenderme. Inmediatamente
me puse a elaborar un plan. Me recosté sobre la camilla.
Anciana: ¡muy bien así me gusta mi niña! Es una pena que no
nos llevamos tan bien desde el principio…
Comenzó a colocarme un amarre en el pie izquierdo, luego en el
otro. Y cuando se acercó para hacer lo mismo con mis brazos, le incruste la
hebilla en uno de sus ojos, este se partió y ella gritaba del dolor. Desamarre
rápidamente mis piernas y me tire a un lado de la camilla para salir corriendo.
Sabía que debía ascender.
Pero no paso mucho tiempo hasta escucharla quejarse y
comenzar a perseguirme. Al final del pasillo del otro lado pude ver unas
escaleras. Comencé a subirlas rápidamente, no tenía otra opción. Ahora la mujer
estaba ciega de un ojo, le sería algo más difícil capturarme. La escalera se
iba haciendo cada vez más estrecha hasta que llegue a un punto donde terminaba
y había una pared. No podía avanzar más. En el techo divise una pequeña puerta
cuadrada con una cuerda saliendo de ella, tire de ella y se abrió otra escalera
esta vez de madera, como las que se usan en los áticos, trepe por ella y me encontré
en una habitación oscura, muy similar a la que apenas diferencie cuando llegue.
Las paredes estaban colmadas de esferas rojas, como los ojos de la anciana,
como si alguna vez los hubiera usado y decidido poner a modo de recuerdo en sus
paredes. Parecían repuestos antiguos. No me distraje más y avance hacia un
marco de luz apenas visible que parecía ser de una puerta. Los pasos de la
mujer se hacían cada vez más fuertes y sus gritos insoportables. Antes de
cumplir mi objetivo algo hizo que tropezara y cayera. Eran las mismas esferas
de la pared pero estaban sueltas por todos lados. Las esferas se rompían y se
clavaban en mi piel delicada, luego de haber estado tanto tiempo remojada en el
agua caliente.
De repente las luces se encendieron con un chasquido de
interruptor, la mujer estaba completamente sacada de sus casillas.
Anciana: ¡ahí estas! ¡No te me vas a escapar ahora! Estoy
muy enojada y con mucha hambre… no pretendía que pasara esto, tus hermanas no
estarán contentas…
Estaba loca. ¡Pretendía comerme! En ese momento se abalanza
hacia mí. Trate de cubrirme. Cerré los ojos. Las puertas se abrieron de un
golpe detrás de mí. La luz de la claridad intensa lastimaba mis ojos. Solo
escuche gritar a la mujer y una voz masculina que me resultaba familiar.
Auren: Das asco anciana… ¡Ahora vas a morir como debe ser!
Me levanto y me coloco sobre su espalda. Un sonido
chirriante salía de la habitación, como si fuera que algo se estaba quemando.
Recorrimos varios metros ya en el bosque, yo sobre su
espalda, trataba de recuperarme de lo que había vivido. Me soltó y me coloco en
el suelo delicadamente.
Auren: ¿y ahora por donde vas a correr?
Enfoqué su rostro. Me había encontrado. De un salto me
reincorpore.
Auren: tranquila aventurera ¿no me vas a dar las gracias?
Esa mujer era muy peligrosa. No entiendo como sobreviviste tanto.
Comencé a mirar por todos lados a ver si había señal de
ella.
Auren se ríe.
Auren: no importa, ya no te va a comer… le arroje ácido y
como imaginaras…murió
Me relaje un poco y me acomode sobre una piedra. Auren me
miraba fijamente.
Evadhin: gra…cias…-esboce tímidamente-
Auren: de nada… ¿ahora vas a confiar en mí?
Evadhin: ya lo veremos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario