sábado, 7 de diciembre de 2013

Segmento de novela: Evadhin & Auren

CAPITULO 13: "UNA ANCIANA Y UNA DULCE MANZANA."



Evadhin: soy como una manzana, el elemento prohibido desde el principio de los tiempos…y recién me estoy dando cuenta de todo en lo que estoy metida…

Auren: bueno… acá tenemos bastantes manzanas…solo tenes que darte cuenta cuales están podridas…

Auren baja la mirada, comprendí que estaba hablando de él. Su pasado lo perseguía, no parecía ser un buen chico, además de poder volver a la Meta, el ya no pertenecería allí. Pude darme cuenta que su cuerpo no es completamente biológico.

Auren: ¿pero vos entonces por que estas acá? Y no en el Edén con ellos.

No podía decirle toda la verdad, recién lo conocía.

Evadhin: me escape, me sentía encerrada, es un lugar muy aburrido allá adentro ¿sabías?

Auren: claro, venís acá a buscar aventuras, ¡y sí que las vas a tener! En tanto puedas mantenerte viva…

Me agarro del brazo y comenzó a atar una cuerda alrededor de mi cintura. Estaba muy incómoda. Parecía no importarle la corta distancia entre ambos. Y a mí sí me molestaba bastante.

Evadhin: ¿qué es eso?

Auren: una cuerda…

Evadhin: ¿y que pensas hacer con ella?

Auren se detuvo por un instante y me miro fijo. Fue aterrador. Parecía que estaba planeando algo muy malo. Estaba lista para resistirme.

Auren: mejor te enteras cuando llegues…no intentes nada va a ser en vano…

Fue inútil lo que me dijo. Rápidamente lo agarre de un brazo y lo mordí con todas las fuerzas que pude. Logre hacer que me soltara y me eche a correr. No podía confiar en nadie.

Auren: ¡idiota! –me grita a lo lejos-

Venia atrás de mí, pero yo soy muy rápida, dudaba que me alcanzara.

El suelo del lugar era muy seco y áspero, apenas había algo de pasto. Cualquier falla en el camino, me haría  tropezar y eso ocasionaría bastante daño, ya que además iba a toda velocidad. Algunas partes afiladas metálicas salían de la tierra, ya bastante oxidadas. El cielo naranja del lugar era una señal de lo toxico que era el aire, que cargado de un olor húmedo y a herrumbre me estaba produciendo algunas nauseas. Me corte el lado derecho del brazo gracias a un pedazo de lata puntiaguda que se me atravesó en el recorrido. Ya no escuchaba más a Auren. Igual seguí corriendo. Demasiados arboles me impedían divisar un posible escondite. Me detuve justo antes de caer en lo que parecía una laguna pequeña de baba negra. Agarre un poco con una mano y comprobé lo densa que era esa sustancia extraña. Volví a pararme al escuchar un ruido proveniente de atrás de uno de los árboles. No dude más y me sumergí en aquella baba espesa. Parecía aproximarse cada vez más. Finalmente sumergí mi cabeza. Esta oscuro y repugnante allá abajo. Trate de aguantar lo más que pude bajo el líquido. Algo me jalo del cabello y me tiro con tanta fuerza que hizo que saliera a la superficie. Tocia. Había tragado algo de líquido. Una anciana me estaba sosteniendo del cabello, una anciana con dispositivos rojos en vez de ojos y con grandes garras que se clavaron firmemente sobre mis hombros, lo que me hizo gritar. Era muy fuerte. Me miraba como si hubiera encontrado algo muy interesante en su paseo. Comenzó a reír desenfrenadamente, tenía la voz muy estropeada.

Evadhin: ¡soltame! ¡Soltame! –le ordene-

Anciana: ¿cómo soltar a una pieza tan única como vos? ¿Sabes? Hace tiempo que no tengo visitas….

Solo atine a sacudirme y a escupirle en la cara parte de la sustancia que había ingerido accidentalmente.

Anciana: ¡que insolente! ¡Quédate quieta!

Evadhin: ¡no sabe con quién se está metiendo! –le grite-

Anciana: en realidad no, ¡atrás de todo ese barro no puedo distinguirte! Vamos a mi casa a bañarte…

Evadhin: ¡no voy a ningún lado vieja asquerosa! ¡Soltame!

Era inútil, la mujer era muy fuerte a pesar de su aspecto decrepito. Me arrastro hasta una cabaña hecha con varios troncos y metales incrustados del lugar. Un sendero de faroles rojos indicaba la entrada a la casa.

Recién notaba que me dolía el brazo. Recordé que me había rasgado cuando corría. La mujer me empujó hacia adentro de la casa. El olor era muy fuerte. Era tan fuerte que me desvanecí.

Pude sentir que me dolía infernalmente la cabeza. El olor se había ido. Ahora fue reemplazado por hierbas aromáticas. Podía oírse un burbujeo incesante, como una gran olla de agua hirviendo. Me moví un poco y me di cuenta de que mi cuerpo estaba sumergido excepto por la cabeza. Me asuste. De a poco recupere la visión y note que estaba en una especie de tina y el agua, a pesar de no estar hirviendo, echaba burbujas. Toque mis hombros y mire mi brazo y la herida y el ardor se habían ido. Ninguna marca. Mire hacia mí alrededor, me encontraba en una habitación amplia con paredes de barro agrietadas, varios estantes llenos de frascos con diferentes especias y un perchero con muchas ropas. Una hilera de tres maniquís sin cabeza, se encontraba a mis espaldas, con unas prendas a medio terminar, pues todavía tenían hilos sueltos y alfileres incrustados. No había rastros de la anciana. Trate de levantarme cuando note que estaba completamente desnuda. Volví a la tina. La suciedad se había borrado de mi cuerpo. No entendía que estaba pasando y que quería esa mujer de mí, pero todo pintaba ser bastante raro. Oí un crujido. La anciana había vuelto. Salí inmediatamente del agua y me envolví en un retazo de una tela que encontré para cubrirme y secarme un poco, acto seguido tomo un frasco de la estantería y me escondí en un rincón donde no llegaba tanto la luminosidad. Me acurruque y espere.

Anciana: querida… ¿dónde te metiste ahora?

Su voz me ponía los pelos de punta, era espeluznante como su aspecto. Trate de no hacer ningún movimiento en falso.

Anciana: no queremos hacer esperar a nuestras chicas… ¿verdad?

No sabía de qué estaba hablando. Había más de ellos. Esperándome. No podría escapar tan fácilmente.

Anciana: no te vamos a hacer daño…te quieren conocer –susurro-

Otra vez comenzó a reírse desenfrenadamente. Mi respiración se agitaba cada vez más. Me sentía muy vulnerable y débil, como nunca antes había experimentado. Odiaba eso. Decidí pararme de un salto y tirarle el frasco en la cabeza a la anciana. Y eso hice. Ella se quejó apenas. Fue más de sorpresa que de dolor. Estaba intacta.

Anciana: ¡eso fue de muy mal gusto!

Sus ojos se clavaron en mí y volvían a encenderse rojos muy rojos.

Me escabullí hasta la entrada de la habitación. Pero fue imposible. Me agarro de uno de mis pies y me deslizo hacia ella. Tenía una sonrisa amplia y siniestra dibujada en el rostro. Me sentía impotente.

Anciana: ¡ahora vamos a vestirte!

Deje de resistirme solo para esperar el momento correcto. La mataría si fuera necesario. Me vistió con unos de los trajes que sostenía uno de los maniquís. Era un vestido amarillento y lleno de pliegues y volados. Coser por aquí, coser por allá, hasta que finalizo con ponerme un lazo en el pelo y unos zapatitos de muñeca. Me condujo sosteniéndome del cabello por un pasillo largo que no encajaba con la imagen de la cabaña que había visto la última vez.

Al final del recorrido nos encontrábamos en un salón gigante con una araña de color rojo en el centro, que me hizo acordar al color de la sangre. Bajo ella, una camilla de madera con ajustes elásticos y un banquito a un costado. Me estremecí.

Anciana: es difícil conseguir buena luz acá abajo…

Quizás la cabaña solo era la superficie, quizás estábamos metros bajo tierra y así nunca encontraría la salida.

Anciana: claro, estando en esta mansión subterránea resulta algo complicado, pero no imposible.

La anciana gira la cabeza hacia mí y me mira detenidamente.

Anciana: vas a ser muy buena compañía, tus hermanas te estaban esperando ansiosas…

Deja de mirarme y sus ojos comienzan a mirar hacia atrás. Gire la cabeza y me sobresalte inmediatamente. Había un montón de cadáveres de lo que parecían haber sido mujeres alguna vez, todas vestidas con ropas hechas por la anciana. Ahora comprendía por que el olor era tan fuerte al entrar y por qué mi cabeza parecía que iba  a explotar. Aunque ya no lo sentía, quizás me había acostumbrado. Estaba muy asustada y enojada a la vez.

Anciana: vamos acóstate no te va a doler tanto…-dirigiéndome hacia la camilla-

Alcance a ver que los amarres de la camilla tenían hebillas con puntas filosas, las cuales podían venirme bien para defenderme. Inmediatamente me puse a elaborar un plan. Me recosté sobre la camilla.

Anciana: ¡muy bien así me gusta mi niña! Es una pena que no nos llevamos tan bien desde el principio…

Comenzó a colocarme un amarre en el pie izquierdo, luego en el otro. Y cuando se acercó para hacer lo mismo con mis brazos, le incruste la hebilla en uno de sus ojos, este se partió y ella gritaba del dolor. Desamarre rápidamente mis piernas y me tire a un lado de la camilla para salir corriendo. Sabía que debía ascender.

Pero no paso mucho tiempo hasta escucharla quejarse y comenzar a perseguirme. Al final del pasillo del otro lado pude ver unas escaleras. Comencé a subirlas rápidamente, no tenía otra opción. Ahora la mujer estaba ciega de un ojo, le sería algo más difícil capturarme. La escalera se iba haciendo cada vez más estrecha hasta que llegue a un punto donde terminaba y había una pared. No podía avanzar más. En el techo divise una pequeña puerta cuadrada con una cuerda saliendo de ella, tire de ella y se abrió otra escalera esta vez de madera, como las que se usan en los áticos, trepe por ella y me encontré en una habitación oscura, muy similar a la que apenas diferencie cuando llegue. Las paredes estaban colmadas de esferas rojas, como los ojos de la anciana, como si alguna vez los hubiera usado y decidido poner a modo de recuerdo en sus paredes. Parecían repuestos antiguos. No me distraje más y avance hacia un marco de luz apenas visible que parecía ser de una puerta. Los pasos de la mujer se hacían cada vez más fuertes y sus gritos insoportables. Antes de cumplir mi objetivo algo hizo que tropezara y cayera. Eran las mismas esferas de la pared pero estaban sueltas por todos lados. Las esferas se rompían y se clavaban en mi piel delicada, luego de haber estado tanto tiempo remojada en el agua caliente.

De repente las luces se encendieron con un chasquido de interruptor, la mujer estaba completamente sacada de sus casillas.

Anciana: ¡ahí estas! ¡No te me vas a escapar ahora! Estoy muy enojada y con mucha hambre… no pretendía que pasara esto, tus hermanas no estarán contentas…

Estaba loca. ¡Pretendía comerme! En ese momento se abalanza hacia mí. Trate de cubrirme. Cerré los ojos. Las puertas se abrieron de un golpe detrás de mí. La luz de la claridad intensa lastimaba mis ojos. Solo escuche gritar a la mujer y una voz masculina que me resultaba familiar.

Auren: Das asco anciana… ¡Ahora vas a morir como debe ser!

Me levanto y me coloco sobre su espalda. Un sonido chirriante salía de la habitación, como si fuera que algo se estaba quemando.

Recorrimos varios metros ya en el bosque, yo sobre su espalda, trataba de recuperarme de lo que había vivido. Me soltó y me coloco en el suelo delicadamente.

Auren: ¿y ahora por donde vas a correr?

Enfoqué su rostro. Me había encontrado. De un salto me reincorpore.

Auren: tranquila aventurera ¿no me vas a dar las gracias? Esa mujer era muy peligrosa. No entiendo como sobreviviste tanto.

Comencé a mirar por todos lados a ver si había señal de ella.

Auren se ríe.

Auren: no importa, ya no te va a comer… le arroje ácido y como imaginaras…murió

Me relaje un poco y me acomode sobre una piedra. Auren me miraba fijamente.

Evadhin: gra…cias…-esboce tímidamente-

Auren: de nada… ¿ahora vas a confiar en mí?

Evadhin: ya lo veremos…

sábado, 27 de abril de 2013

El laberinto del fauno

Un  film de Guillermo Del Toro ...




SINOPSIS:

Situada en el año 1944, cuenta el apasionante viaje de Ofelia, una niña de 13 años que junto a su madre, Carmen (Ariadna Gil), convaleciente a causa de un avanzado estado de gestación, se traslada hasta un pequeño pueblo, en el que se encuentra destacado Vidal (Sergi López), un cruel capitán del ejército franquista, nuevo marido de Carmen y por el que Ofelia no siente ningún afecto.

La misión de Vidal es acabar con los últimos vestigios de la resistencia republicana escondida en los montes de la zona.

También ahí se haya el molino donde Vidal tiene situado su centro de operaciones, y en él les aguardan Mercedes (Maribél Verdú), una joven que se encuentra a cargo de los demás miembros del servicio, y el doctor (Alex Angulo), quien se hará cargo del delicado estado de salud de Carmen.

Una noche Ofelia descubre las ruinas de un laberinto donde se encuentra con un fauno (Doug Jones), una extraña criatura que le hace una increíble revelación: Ofelia es en realidad una princesa, última de su estirpe, a la que los suyos llevan mucho tiempo esperando. Para poder regresar a su mágico reino, la niña deberá enfrentarse a tres pruebas antes de la luna llena. En el transcurso de esta misión, fantasía y realidad se abrazan para dar rienda suelta a una maravillosa historia donde la magia que rodea a Ofelia nos transporta a un universo único, lleno de aventuras y cargado de emoción.



RESEÑA:

"El laberinto del fauno" es una película que me gusto mucho debido  a su forma fílmica   excelentes tomas e imágenes,donde predomina un estilo fantasioso/oscuro, que hace despertar mucha curiosidad , las barreras de quien es bueno  o quien es malo es algo borrosa, la trama es atrapante y esta muy bien  lograda en un cierto contexto histórico, que sitúa los hechos fantasiosos entremezclandolos con la realidad de la época. Me sorprendieron mucho los efectos especiales utilizados  para ser una película de habla hispana. No tengo criticas negativas sobre esta película,  Guillermo logro muy bien lo que se propuso como muchos otros de sus films.

Tim Burton